domingo, 11 de septiembre de 2011

En medio de ninguna parte

Ella palpitaba sueños y desnudaba versos en su brillante y profundo océano de pensamientos mientras caminaba por ese sendero que conducía a todas y a ninguna parte. La joven, de tez clara y cabellos oscuros, suspiró al sentír el viento jugando con sus ropajes, acariciandole suavemente el rostro. Entonces pensó en la nieve blanca  que pronto empezaría a caer sobre su cabeza, sobre los árboles desnudos, y sobre el pequeño sendero por el que ella caminaba hacia horas. Avanzó más deprisa, por miedo a que la nieve cubriese el camino.No quería perderse, no en aquel bosque.
Pasaron apenas algunos minutos y comenzaron a caer los primeros copos de nieve, que poco a poco se fueron acumulando allí donde caían, incluida la larga melena y las pestañas de la muchacha, que fueron enmarcando aún más sus ojos azul cielo. Ella miró hacia atrás, y vio que el camino desaparecía bajo sus pasos, ocultando sus propias huellas. Suspiró y siguió avanzando como pudo entre los árboles, consciente de que ya apenas podía seguir el sendero.
 Al cabo de un rato, llegó a un claro del bosque, y en él encontró una pequeña casa de piedra, apenas cubierta por la nieve. Pese a estar perdida en el bosque, la casa parecía habitada, porque su chimenea desprendía un extraño humo gris.
La joven se armó de valor y llamó a la puerta. No contestó nadie.Volvió a llamar. Esperó unos instantes, pero al no haber respuesta decidió entrar.
En en el interior de la casa encontró una amplia estancia, con una humeante chimenea encendida, y un fuerte olor a menta y limón. Cerca de una ventana, en un sillón, había una mujer, envuelta en mantas. La mujer la miró fijamente, como si la conociera desde hacía mucho.
- Bienvenida - fueron sus únicas palabras.
La joven de tez pálida palideció aún más, sin saber que contestar.
Estaba segura de que aquella era la primera vez que veía a aquella extraña señora, pero a su vez, le era muy familiar. La mujer le hizo una seña para que se sentase en el sillón de al lado, y ella lo hizo, sin saber muy bien porqué. Durante lo que parecieron horas, las dos se miraron, sin intercambiar palabra.
La joven quería hacerle un millón de preguntas, pero a la vez no se sentía capaz de romper ese momento tan  extraño, tan mágico.
- ¿Quién eres? - preguntó finalmente.Aunque de alguna manera ella sabía quién era.
-  Tú tienes la respuesta, la has tenido desde que has entrado por esa puerta. Simplemente has encontrado lo que has venido a buscar, niña.
Ella asintió, sumergiendose de nuevo en su gran océano de pensamientos.
- ¿ Por qué aquí, en medio de ninguna parte?
-  Precisamente por eso estoy aquí, estoy en todas partes y en ninguna al mismo tiempo.- respondió la señora, mientras se quitaba un mechón rizado de la frente, y le ofrecía una taza de té a la joven, que cogió la taza, sin dejar de mirar a la señora.
- Si estás en todas partes como dices, ¿porqué ha sido tan complicado para mí encontrarte?
-  Porque necesitabas buscarme.Verás... siempre he estado a tu alcanze, pero tú querías ponertelo difícil. Querias viajar, aprender, caminar,luchar...Está claro que necesitabas pasar todo eso para poder encontrarme.Necesitabas estar preparada.
La joven dió un sorbo al té, y volvió a asentir pensativa.
Sabía que lo que decía aquella mujer tan peculiar era verdad, pero no era fácil admitir todo aquello.....Lo habia estado buscando, pero jamás se le había pasado por la cabeza que el fin del camino sería así.Nunca le había sabido tan bien un té, ni había estado tan tranquila y agusto como  ahora mismo,en medio de un frondoso bosque en medio de la nada, en una cabaña, acompañada de una extraña señora que le resultaba tan familiar.
Consciente de que tenía una larga velada por delante, llena de preguntas y respuestas, la joven de tez clara y cabellos oscuros se acomodó en el sillón, dió otro sorbo al té, y fijó sus ojos en los ojos azul profundo de la mujer que tenía delante.
El camino no había sido fácil pero.... Por fin se había encontrado así misma.

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