Por detener el tiempo solo con el sonido de su respiración
Por el chocolate y el flan de café.
Por estar a mi lado llueva o haga sol
Por hablarme con miradas.
Por apoyarme en mis sueños y estar presente en ellos.
Por los popurris de canciones.
Por una luna y un sol de tinta.
Por las largas conversaciones.
Por las sonrisas que derriten el corazón.
Por los besos que ponen los pelos de punta.
Por abrigarme cuando tengo frío.
Por ser un cocinillas.
Por cuidarme cuando estoy enferma.
Por las cosquillas.
Por abrazarme y no soltarme.
Por las caricias que derriten.
Por no dejar de cantarme.
Por las duchas compartidas.
Por leerme la mente.
Por hacerme reír.
Por animarme.
Por ser torpe.
Por escucharme.
Por acompañarme a donde sea.
Por que me aguantas cuando no hay quien me aguante.
Por que me haces sentir especial a tu lado.
Por las sidras y las patatas al cabrales.
Por las noches interminables.
Por las canciones a medio terminar.
Por el buenos días.
Por el buenas noches.
Por los te quieros susurrados
Por el espero que te guste.
Por hacerme sentir viva.
Por entrelazar tus pies con los mios bajo las sábanas.
Por formar parte de mi vida
Por todo eso y 15 millones de cosas más....
¡No quiero que salgas nunca de mi mundo!
domingo, 30 de octubre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
No dejes que tu sonrisa se enfríe.
Ahora que el calor nos da la espalda y se despiden las flores
Ahora que el sol suaviza su luz,
y nos visitan unos nuevos colores
marrón, gris, y quizá blanco.
El día se retira y permite su paso a la noche oscura.
Siento que las estrellas me miran desde allí arriba
hacen señas a la luna para que cubra todo con su manto
para que nos arrulle en las noches heladas.
Para que no permita que nuestra sonrisa se escarche
Y permanezca intacta siempre, pese a la oscuridad larga y triste
de las noches invernales.
Ahora que el sol suaviza su luz,
y nos visitan unos nuevos colores
marrón, gris, y quizá blanco.
El día se retira y permite su paso a la noche oscura.
Siento que las estrellas me miran desde allí arriba
hacen señas a la luna para que cubra todo con su manto
para que nos arrulle en las noches heladas.
Para que no permita que nuestra sonrisa se escarche
Y permanezca intacta siempre, pese a la oscuridad larga y triste
de las noches invernales.
lunes, 17 de octubre de 2011
El Sauce
Por cada uno de tus parpadeos,se multiplican mis deseos de acercarme a tí. Te veo ahí sentado, apoyado en el tronco de ese sauce, mientras me hablas de tu música, y siento que no puedo dejar de mirarte.Observo hasta el mas pequeño de tus gestos con una atención recién descubierta en mí. Entonces te sonrío y me acomodo en la hierba cerca de tí, boca arriba y cierro los ojos.El sonido de tu voz me relaja, como el murmullo de una cascada, al caer el agua contra las rocas... me gusta mucho escuchar tus historias, y más allí, tirados a la sombra del sauce que desprende ese olor a humedad tan especial, que recuerda a los días lluviosos,creando así un pequeño clima bajo sus ramas, que nos protegen de los poderosos rayos del sol del caluroso día.
Respiro despacio con la esperanza de que el tiempo imite mi respiración, y se ralentize.Este momento debería de durar siempre.Abro los ojos y fijo mi mirada en las ramas del sauce, cuyas hojas estan tan cerca que casi pueden mezclarse con mi cabello...parecen pintadas con acuarelas de diferentes tonos de verde, según el modo en el que les da la luz... Entonces me acaricias la mejilla.No me había dado cuenta de que que en algún momento habías dejado de hablar. Me giro y aquí estás, tan solo a unos palmos de mí. Me miras a los ojos y vuelves a acariciarme la mejilla.Ni me muevo, me conformo con suspirar. Pasamos así minutos y más minutos, protagonizados por el roze de tu mano en mi rostro y en mi cuello. Las hojas del sauce sobre nuestras cabezas se mueven con el viento y dejan entrar restos del sol de media tarde... es mágico.
Siempre me han encantado los suaces, pero aún más desde que tu estás en mi vida.
Respiro despacio con la esperanza de que el tiempo imite mi respiración, y se ralentize.Este momento debería de durar siempre.Abro los ojos y fijo mi mirada en las ramas del sauce, cuyas hojas estan tan cerca que casi pueden mezclarse con mi cabello...parecen pintadas con acuarelas de diferentes tonos de verde, según el modo en el que les da la luz... Entonces me acaricias la mejilla.No me había dado cuenta de que que en algún momento habías dejado de hablar. Me giro y aquí estás, tan solo a unos palmos de mí. Me miras a los ojos y vuelves a acariciarme la mejilla.Ni me muevo, me conformo con suspirar. Pasamos así minutos y más minutos, protagonizados por el roze de tu mano en mi rostro y en mi cuello. Las hojas del sauce sobre nuestras cabezas se mueven con el viento y dejan entrar restos del sol de media tarde... es mágico.
Siempre me han encantado los suaces, pero aún más desde que tu estás en mi vida.
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