... ¿Recuerdas cuando tu mirada chocó con la mía?Sí... aquél día. Supongo que no es difícil de olvidar. Dos mundos extraños chocaron, y tan grande fue aquel choque que todavía hoy vibran, aun pueden sentir las consecuencias de ese golpe.
¿Tu mirada fue la que dió con la mia?¿ O fue la mía la que buscaba desesperadamente la tuya?
No, estoy segura de que fueron tus ojos los que fueron al encuentro de los míos. Yo te estaba esperando. De un modo y otro siempre he estado esperándote.
Pero cuando ocurrió, cuando por fin me encontraste, mi realidad se rompió en mil pedazos, y a partir de ese momento tus pupilas crearon una realidad diferente y desconocida para mí.Me iluminaron un camino distinto para que nunca más pudiera perderme, para que cada vez que te mirase a los ojos, tuviera fuerzas para seguir adelante.
Por supuesto esa nueva realidad me gustaba. Ese nuevo mundo que comenzaba a nacer del choque de nuestras miradas curiosas pero sinceras, del brillo de nuestros iris y del roze de nuestros sueños, que se rozaron por primera vez, despacio, intentando crear una posible conexión entre nosotros, una conexión que se fue haciendo cada vez más fuerte, y se convirtió en un amor tan grande, que ni la luna y el sol abrazandose podrían abarcarlo...
Y seguimos construyendo nuestra propia realidad forjada con miradas, sueños, y amor...
Sí....recuerdo cuando tu mirada chocó con la mía.
viernes, 30 de septiembre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
El alma del jazz
Era de noche, y desde mi ventana la luna y un puñado de estrellas ya podían verse sobre los tejados, entre chimenea y chimenea.Entonces lo ví.El solitario gato de pelo negro y ojos amarillentos. El gato que noche tras noche, esperaba pacientemente en el tejadillo que había bajo mi ventana.Esperé su llegada, sin mover ni un músculo.El animal se acomodó en el tejadillo, silencioso, y fijó sus ojos en mí... parecia esperar algo.
Pasó un rato, y no pude apartar mi mirada del misterioso gato, que me observaba sin parpadear. ¿Qué querría? Finalmente opté por preguntarle directamente a él, por un momento convencida de que un gato tan peculiar como aquél sería capaz de contestarme.El felino no dijo nada, se limitó a girar las orejas en mi dirección, y comenzó a lamerse una pata, por un momento distraído.
Yo no entendía nada, aquel gato venía noche tras noche a la misma hora y únicamente observaba mi ventana con especial interés mientras yo me relajaba bebiendo un té con aroma de vainilla y escuchaba mi disco de jazz favorito.¡De pronto se me ocurrió otra de mis descabelladas ideas! ¿Sería el jazz lo que atraía la atención del gato negro? Esperanzada, corrí a poner el disco, sin apartar la vista del gato.Sonaron las primeras notas del saxo, y de pronto el animal dejó de limpiarse, y abrió los ojos de par en par fijos en mi ventana abierta, por la que salía suavemente la música.Ví que movía el rabo, agitado por la música jazz, y mantenía las orejas y la cabeza levantadas.Aquello me provocó una carcajada de sorpresa.Nunca había visto nada igual.Nadie iba a creerme si lo contaba. Pensé en hacer una foto o grabar un vídeo, pero seguro que el gato se asustaba o se largaba en cualquier momento. Seguí mirando el animal, atónita.Un gato que acudía todas las noches a mi ventana para escuchar jazz.Sin duda tenía buen gusto!Decidí seguir poniendo mi cd todas las noches, y hacerle compañía a esa criatura tan especial. El gato negro, de ojos amarillentos... el gato con alma de jazz.
Pasó un rato, y no pude apartar mi mirada del misterioso gato, que me observaba sin parpadear. ¿Qué querría? Finalmente opté por preguntarle directamente a él, por un momento convencida de que un gato tan peculiar como aquél sería capaz de contestarme.El felino no dijo nada, se limitó a girar las orejas en mi dirección, y comenzó a lamerse una pata, por un momento distraído.
Yo no entendía nada, aquel gato venía noche tras noche a la misma hora y únicamente observaba mi ventana con especial interés mientras yo me relajaba bebiendo un té con aroma de vainilla y escuchaba mi disco de jazz favorito.¡De pronto se me ocurrió otra de mis descabelladas ideas! ¿Sería el jazz lo que atraía la atención del gato negro? Esperanzada, corrí a poner el disco, sin apartar la vista del gato.Sonaron las primeras notas del saxo, y de pronto el animal dejó de limpiarse, y abrió los ojos de par en par fijos en mi ventana abierta, por la que salía suavemente la música.Ví que movía el rabo, agitado por la música jazz, y mantenía las orejas y la cabeza levantadas.Aquello me provocó una carcajada de sorpresa.Nunca había visto nada igual.Nadie iba a creerme si lo contaba. Pensé en hacer una foto o grabar un vídeo, pero seguro que el gato se asustaba o se largaba en cualquier momento. Seguí mirando el animal, atónita.Un gato que acudía todas las noches a mi ventana para escuchar jazz.Sin duda tenía buen gusto!Decidí seguir poniendo mi cd todas las noches, y hacerle compañía a esa criatura tan especial. El gato negro, de ojos amarillentos... el gato con alma de jazz.
domingo, 11 de septiembre de 2011
En medio de ninguna parte
Ella palpitaba sueños y desnudaba versos en su brillante y profundo océano de pensamientos mientras caminaba por ese sendero que conducía a todas y a ninguna parte. La joven, de tez clara y cabellos oscuros, suspiró al sentír el viento jugando con sus ropajes, acariciandole suavemente el rostro. Entonces pensó en la nieve blanca que pronto empezaría a caer sobre su cabeza, sobre los árboles desnudos, y sobre el pequeño sendero por el que ella caminaba hacia horas. Avanzó más deprisa, por miedo a que la nieve cubriese el camino.No quería perderse, no en aquel bosque.
Pasaron apenas algunos minutos y comenzaron a caer los primeros copos de nieve, que poco a poco se fueron acumulando allí donde caían, incluida la larga melena y las pestañas de la muchacha, que fueron enmarcando aún más sus ojos azul cielo. Ella miró hacia atrás, y vio que el camino desaparecía bajo sus pasos, ocultando sus propias huellas. Suspiró y siguió avanzando como pudo entre los árboles, consciente de que ya apenas podía seguir el sendero.
Al cabo de un rato, llegó a un claro del bosque, y en él encontró una pequeña casa de piedra, apenas cubierta por la nieve. Pese a estar perdida en el bosque, la casa parecía habitada, porque su chimenea desprendía un extraño humo gris.
La joven se armó de valor y llamó a la puerta. No contestó nadie.Volvió a llamar. Esperó unos instantes, pero al no haber respuesta decidió entrar.
En en el interior de la casa encontró una amplia estancia, con una humeante chimenea encendida, y un fuerte olor a menta y limón. Cerca de una ventana, en un sillón, había una mujer, envuelta en mantas. La mujer la miró fijamente, como si la conociera desde hacía mucho.
- Bienvenida - fueron sus únicas palabras.
La joven de tez pálida palideció aún más, sin saber que contestar.
Estaba segura de que aquella era la primera vez que veía a aquella extraña señora, pero a su vez, le era muy familiar. La mujer le hizo una seña para que se sentase en el sillón de al lado, y ella lo hizo, sin saber muy bien porqué. Durante lo que parecieron horas, las dos se miraron, sin intercambiar palabra.
La joven quería hacerle un millón de preguntas, pero a la vez no se sentía capaz de romper ese momento tan extraño, tan mágico.
- ¿Quién eres? - preguntó finalmente.Aunque de alguna manera ella sabía quién era.
- Tú tienes la respuesta, la has tenido desde que has entrado por esa puerta. Simplemente has encontrado lo que has venido a buscar, niña.
Ella asintió, sumergiendose de nuevo en su gran océano de pensamientos.
- ¿ Por qué aquí, en medio de ninguna parte?
- Precisamente por eso estoy aquí, estoy en todas partes y en ninguna al mismo tiempo.- respondió la señora, mientras se quitaba un mechón rizado de la frente, y le ofrecía una taza de té a la joven, que cogió la taza, sin dejar de mirar a la señora.
- Si estás en todas partes como dices, ¿porqué ha sido tan complicado para mí encontrarte?
- Porque necesitabas buscarme.Verás... siempre he estado a tu alcanze, pero tú querías ponertelo difícil. Querias viajar, aprender, caminar,luchar...Está claro que necesitabas pasar todo eso para poder encontrarme.Necesitabas estar preparada.
La joven dió un sorbo al té, y volvió a asentir pensativa.
Sabía que lo que decía aquella mujer tan peculiar era verdad, pero no era fácil admitir todo aquello.....Lo habia estado buscando, pero jamás se le había pasado por la cabeza que el fin del camino sería así.Nunca le había sabido tan bien un té, ni había estado tan tranquila y agusto como ahora mismo,en medio de un frondoso bosque en medio de la nada, en una cabaña, acompañada de una extraña señora que le resultaba tan familiar.
Consciente de que tenía una larga velada por delante, llena de preguntas y respuestas, la joven de tez clara y cabellos oscuros se acomodó en el sillón, dió otro sorbo al té, y fijó sus ojos en los ojos azul profundo de la mujer que tenía delante.
El camino no había sido fácil pero.... Por fin se había encontrado así misma.
Pasaron apenas algunos minutos y comenzaron a caer los primeros copos de nieve, que poco a poco se fueron acumulando allí donde caían, incluida la larga melena y las pestañas de la muchacha, que fueron enmarcando aún más sus ojos azul cielo. Ella miró hacia atrás, y vio que el camino desaparecía bajo sus pasos, ocultando sus propias huellas. Suspiró y siguió avanzando como pudo entre los árboles, consciente de que ya apenas podía seguir el sendero.
Al cabo de un rato, llegó a un claro del bosque, y en él encontró una pequeña casa de piedra, apenas cubierta por la nieve. Pese a estar perdida en el bosque, la casa parecía habitada, porque su chimenea desprendía un extraño humo gris.
La joven se armó de valor y llamó a la puerta. No contestó nadie.Volvió a llamar. Esperó unos instantes, pero al no haber respuesta decidió entrar.
En en el interior de la casa encontró una amplia estancia, con una humeante chimenea encendida, y un fuerte olor a menta y limón. Cerca de una ventana, en un sillón, había una mujer, envuelta en mantas. La mujer la miró fijamente, como si la conociera desde hacía mucho.
- Bienvenida - fueron sus únicas palabras.
La joven de tez pálida palideció aún más, sin saber que contestar.
Estaba segura de que aquella era la primera vez que veía a aquella extraña señora, pero a su vez, le era muy familiar. La mujer le hizo una seña para que se sentase en el sillón de al lado, y ella lo hizo, sin saber muy bien porqué. Durante lo que parecieron horas, las dos se miraron, sin intercambiar palabra.
La joven quería hacerle un millón de preguntas, pero a la vez no se sentía capaz de romper ese momento tan extraño, tan mágico.
- ¿Quién eres? - preguntó finalmente.Aunque de alguna manera ella sabía quién era.
- Tú tienes la respuesta, la has tenido desde que has entrado por esa puerta. Simplemente has encontrado lo que has venido a buscar, niña.
Ella asintió, sumergiendose de nuevo en su gran océano de pensamientos.
- ¿ Por qué aquí, en medio de ninguna parte?
- Precisamente por eso estoy aquí, estoy en todas partes y en ninguna al mismo tiempo.- respondió la señora, mientras se quitaba un mechón rizado de la frente, y le ofrecía una taza de té a la joven, que cogió la taza, sin dejar de mirar a la señora.
- Si estás en todas partes como dices, ¿porqué ha sido tan complicado para mí encontrarte?
- Porque necesitabas buscarme.Verás... siempre he estado a tu alcanze, pero tú querías ponertelo difícil. Querias viajar, aprender, caminar,luchar...Está claro que necesitabas pasar todo eso para poder encontrarme.Necesitabas estar preparada.
La joven dió un sorbo al té, y volvió a asentir pensativa.
Sabía que lo que decía aquella mujer tan peculiar era verdad, pero no era fácil admitir todo aquello.....Lo habia estado buscando, pero jamás se le había pasado por la cabeza que el fin del camino sería así.Nunca le había sabido tan bien un té, ni había estado tan tranquila y agusto como ahora mismo,en medio de un frondoso bosque en medio de la nada, en una cabaña, acompañada de una extraña señora que le resultaba tan familiar.
Consciente de que tenía una larga velada por delante, llena de preguntas y respuestas, la joven de tez clara y cabellos oscuros se acomodó en el sillón, dió otro sorbo al té, y fijó sus ojos en los ojos azul profundo de la mujer que tenía delante.
El camino no había sido fácil pero.... Por fin se había encontrado así misma.
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