Cuando las palabras abren heridas,
como piedras puntiagudas contra tu piel
Cuando en el pecho el dolor se asoma,
como un duende curioso al ojear las entrañas de un gran roble
Cuando las lágrimas caen
cual perlas brillantes de un collar roto
Cuando el pulso tiembla,
y los pensamientos se derraman a tus pies hechos mil pedazos
cristales rotos cansados de reflejar
pupilas muy oscuras, voces demasiado altas.

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