domingo, 16 de diciembre de 2012
Enséñame a ser como tú...
Era de noche, y sus lágrimas caían sobre la arena de la playa como si de las últimas gotas de lluvia de una tormenta de verano se tratase. Ella caminaba despacio,disfrutando de la sensación de la arena suave y húmeda bajo sus pies, y pensaba... por más que lo intentaba no podía dejar de pensar. De pronto se detuvo y decidió sentarse allí mismo, cerca de la orilla. Rodeó sus piernas con los brazos y enterró enteramente los pies en la arena. Miró el mar, y buscó aquella sensación que siempre la invadía cuando estaba allí a solas, mirando el horizonte. Aquella sensación de paz y tranquilidad que la hacía olvidar el mundo, y conseguía mantener su mente en blanco, al menos, durante el rato que estuviese allí.
Escuchó unos rápidos y potentes pasos, y una respiración jadeante, pero no se sobresaltó, ni siquiera miró en la dirección de donde procedia el ruido.A los pocos segundos hacía su aparición esa bola de pelos y babas, su siempre fiel compañero, Axel. El enorme perro negro se acostó a su lado y apoyando su cabeza en las patas delanteras, miró también el horizonte.
- Que bonito, ¿verdad?- preguntó ella, dirigiéndose a su perro.- Ojalá todo fuese así siempre, todo paz y pensamientos positivos.
El perro resopló y la joven sonrió, divertida, mientras se secaba las lágrimas con la manga de su camisa.
- Es difícil ser positivo cuando se está tan triste, ¿sabes, Axel? cuando el mundo se desmorona a tu alrededor y sientes que no puedes hacer nada por impedirlo no es fácil reir o sentirte alegre....
No pudo terminar la frase, pues sus palabras se iban ahogando en su propio llanto. Volvió a secarse las lágrimas, y fijó la vista en el mar infinito y oscuro bañado solo por la luz de la luna, casi llena, que hacía ver el oleaje como ondas plateadas en la noche. Entonces suspiró, y Axel se acercó más aún a ella, para darle unos amorosos lametones en la mano. La joven le acarició tiernamente la cabeza, y detras de sus grandes orejas.
Él siempre la animaba, y su compañia le hacia sentirse querida y reconfortada. La joven siempre hablaba de sus pensamientos en alto con Axel, a veces convencida de que el perro la entendía a la perfección. En el fondo pensaba que quizás sus palabras se las llevaba el viento, y que él, como perro que era, nunca entendía ni una sola de sus reflexiones, pero ella se conformaba con su compañia, y su cariño. Axel era el único que había demostrado escucharla sinceramente, sin querer nada a cambio, nada más que estar a su lado.
Le miró. Él movía el rabo, al parecer contento de verla más animada, y sin lágrimas en los ojos.
- Menos mal que te tengo a tí pequeño... - le murmuró - Ojalá todos siguiesemos tu ejemplo. Dar todo, sin pedir nada a cambio. Querer a alguien incondicionalmente sin juzgar ni un solo momento, sin dudar ni un segundo, y ser plenamente felíz con eso y un puñado de mimos.... Enséñame a ser como tú, Axel...
Y Axel ladró, satisfecho.
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