sábado, 3 de diciembre de 2011

La niña de las flores

A lo lejos, en la colina, una niña recogía flores, mientras brincaba contenta, tarareando una canción. Ajena a las nubes de tormenta que se acercaban poco a poco, ella aprovechaba los últimos rayos de sol, ditraída.Quería completar un ramo de flores silvestres solo con las margaritas más bonitas que pudiera encontrar, asique escogía las flores con sumo cuidado antes de arrancarlas.Una vez completado el ramo a su gusto, se sentó en el prado, a admirar las margaritas que había escogido.Había quedado realmente bonito. Sonrió, satisfecha con el resultado.  Entonces alzó la vista hacia el cielo y frunció el ceño al reparar en aquellas nubes negras, que se acercaban rápidamente a la colina en la que ella se encontraba. Se levantó, remangó su vestido y comenzó a descender por la colina, en busca del sendero que la llevaría al pueblo. Las nubes ya estaban sobre su cabeza y comenzaron a caer las primeras gotas, asique aceleró el paso y sujetó firmemente las flores contra su pecho, preocupada por que la lluvia estropease el bonito ramo que le había llevado casi toda la tarde. Comenzó a llover muy fuerte, y finalmente la niña llegó al sendero, que comenzó a enbarrarse, asique se remangó aún más el vestido, suspiró y continuó andando a trompicones, pero su única preocupación seguía siendo proteger las flores. Al cabo de un rato, llegó al pueblo.Sus ropas estaban empapadas, y sus zapatos llenos de barro, pero la niña caminaba con paso firme, hacía su destino. Por fín se paró, y rápidamente miró las flores que había estado protegiendo contra su pecho. Estaban algo mojadas, y había una que estaba rota. La chiquilla quitó la margarita rota, y colocó las otras, con delicadeza. Entonces dejó el ramo sobre la fría piedra que tenía frente a ella, y dió un paso atrás para observar el ramo.- Después de todo no ha quedado tan mal - pensó. Puso su mano sobre la piedra, cerca de las flores y sonrió, pensativa.
- Espero que no te importe que estén mojadas, tenías que haberlas visto cuando las recogí en la colina...eran preciosas! - fue lo único que dijo, en voz alta. Entonces la niña se dió la vuelta y caminó hacia su casa, cerrando la puerta del cementerio tras de sí.

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