Por cada uno de tus parpadeos,se multiplican mis deseos de acercarme a tí. Te veo ahí sentado, apoyado en el tronco de ese sauce, mientras me hablas de tu música, y siento que no puedo dejar de mirarte.Observo hasta el mas pequeño de tus gestos con una atención recién descubierta en mí. Entonces te sonrío y me acomodo en la hierba cerca de tí, boca arriba y cierro los ojos.El sonido de tu voz me relaja, como el murmullo de una cascada, al caer el agua contra las rocas... me gusta mucho escuchar tus historias, y más allí, tirados a la sombra del sauce que desprende ese olor a humedad tan especial, que recuerda a los días lluviosos,creando así un pequeño clima bajo sus ramas, que nos protegen de los poderosos rayos del sol del caluroso día.
Respiro despacio con la esperanza de que el tiempo imite mi respiración, y se ralentize.Este momento debería de durar siempre.Abro los ojos y fijo mi mirada en las ramas del sauce, cuyas hojas estan tan cerca que casi pueden mezclarse con mi cabello...parecen pintadas con acuarelas de diferentes tonos de verde, según el modo en el que les da la luz... Entonces me acaricias la mejilla.No me había dado cuenta de que que en algún momento habías dejado de hablar. Me giro y aquí estás, tan solo a unos palmos de mí. Me miras a los ojos y vuelves a acariciarme la mejilla.Ni me muevo, me conformo con suspirar. Pasamos así minutos y más minutos, protagonizados por el roze de tu mano en mi rostro y en mi cuello. Las hojas del sauce sobre nuestras cabezas se mueven con el viento y dejan entrar restos del sol de media tarde... es mágico.
Siempre me han encantado los suaces, pero aún más desde que tu estás en mi vida.

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